Tras el citado Vicente Del Bosque, llegó Carlos Queiroz, un hombre exótico, piel morena y ojos claros, un mozambiqueño nacionalizado portugués, un tipo elegante, un antagonista de su antecesor, y sobretodo un hombre con buen pelo, con unas pequeñas entradas porque la edad no pasa en balde, pero un gran pelo. Era lo que buscaba Florentino, un cambio radical de imagen y lo encontró. Durante esta temporada el Madrid solamente ganó 
Después del ahora seleccionador portugués, llegó otro que también tiene su experiencia en selecciones, José Antonio Camacho. Bien, es cierto, que no es la elegancia en persona, no es la alegoría de la belleza y sí, todos recordamos su exceso de sudoración, pero aun pudiendo saltarme este entrenador ya que sólo disputó tres partidos de Liga, lo cito porque era un hombre que no manejaba poco pelo, siempre ha gastado una más que decente mata, aunque igual por eso de ser el menos melenudo de la lista fue el que menos duró.
Tras la salida in extremis de Camacho, el club blanco confió en un hombre de la casa, Mariano García Remón. Yo de este señor, no recuerdo ni los métodos, ni los logros, ni nada del estilo, lo único que permanece en mi memoria es su bigotón y, sobretodo, su corte de pelo estilo afro que parecía uno de esos extravagantes peinados que lucía Will Smith en la añorada serie El Príncipe de Bel-Air. García Remón fue un mero entrenador de transición y abandonó el cargo antes de terminar el año 2004.
El siguiente de la lista es Vanderlei Luxemburgo, un brasileño, y como buen afroamericano mantenía un diseño perfecto, su frente terminaba en una línea recta horizontal, sin entrada alguna. El creador del cuadrado mágico, ese que según él se formaba por ángulos mágicos, no dejaba que creciera mucho su cabello, pero tenía pelo para tapar toda su cabeza de idealista del deporte rey. Su periplo madridista fue de Diciembre de 
Ese otro fue Juan Ramón López Caro y al igual que el anterior hombre de la casa que fue usado de repuesto improvisado, gastaba una frondosa selva de pelo en su cabeza. López Caro colocó al Madrid segundo al final de temporada, abandonó el club para montar un buen lío al firmar por el Racing y acabar entrenando al Levante.
Después de la mata lebrijana llegó El General Capello, quien ya dirigió a los merengues diez años antes. El italiano, que lo mismo te plantaba siete defensas que te lanzaba un corte de mangas al público, teniendo ese apellido, no podría romper la racha capilar Y es que el ahora director técnico de los Pross, como siempre daba de que hablar, provocaba que su pelazo pasara desapercibido, pero al igual que su efectividad -tediosa efectividad-, su pelo es también una de sus señas de identidad, un estilo sobrio, pero denso. Y como ya ocurriera en su anterior paso por el Real Madrid, completó la temporada ganando 
Avalado tras su buen papel en un lugar cercano a la capitanía general del club blanco, exactamente en Getafe, fue contratado el único rubio de la lista, el artista antes conocido como Bernd Schuster, actualmente Bernardo. El alemán llegó para conquistar
Por último, Juan de 
Y es que está visto, que en estos tiempos de modernidad que corren por Chamartín, y tomando prestado el título de la serie televisiva de moda, para ser entrenador, sin melenas no hay paraíso.


















